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Diario de un idiota

Escribo, luego tengo algo que decir.

Escribo dándole prioridad a escribir, luego no me encuentro bien, soy tan triste que no soy capaz de priorizar lo que me hace sentir vivo, lo que necesito, sino lo urgente, convierto mis necesidades en urgencias para poder atenderlas, porque no soy capaz de tomar decisiones.

Tomo decisiones, he dado mis primeros pasos en tomar decisiones. La primera en la cara. No me preparé el examen y fué el más fácil que han puesto en dos años.

Ahora lo veo todo más borroso, hace unas horas era un infierno, mi bonito infierno. La calidez de mi habitación, de mi refugio, de mi rutina, me hacen olvidar las cosas importantes. Pero no soy el único al que le pasa.

Puedo hablar con mi gente cercana y llegar a puntos que me parecen reveladores, importantes, que no se deberían dejar pasar y aprovechar las oportunidades para la mejora y la evolución, pero al irse a la cama, como al salir del cine, parece que todo se borra y uno siente como si a todo el mundo le han lavado el cerebro y se lo han dejado ahí, ya porque no valía la pena o por putería, para ver como se desenvuelve a pegarse con el mundo entero.

Esta mañana todo me golpeaba:

Estaba quemado porque esta vida estudiantil que llevo me descoloca, o mejor dicho, me coloca aleatoriamente en las posiciones más desagradables cada día y dependiendo de mi humor, las acepto con gracia e ironía, las golpeo con fuerza o me sobrepasan.

No he hecho nada en toda la mañana. He buscado subcoscientemente yuna manera de distraerme, no se si porque estaba mal o porque soy un calamar a la hora de ponerme a estudiar, pero ha sido estudiantilmente nulo. No lo miro desde otro punto de vista, porque no quiero, que seguro que algo bueno tenía, pero PUM.

Ese quiste de pus que se forma en mi cerebro con las cosas que dejo de lado ha vuelto a reventar, esta vez, en el calor de la amistad:

Tomando café con dos amigos, mujer y hombre sin relación entre ellos, pero algo mayores que yo, me he dado cuenta de que llevo mucho tiempo sin follar. Sin sexo, sin sonrisas perversas ni miradas de complicidad. Estoy sumergido en una especie de burbuja, que bien me quema la piel, pero tengo la impresión de estar reparandola cada bez que le sale una brecha, no sé muy bien.

El pus del quiste cerebral me recuerda que tengo pendiente la juerga, el jolgorio, el despelote, dejar de ser racional, de pensar en qué está bien y qué está mal, en dejar de pedir permiso para besar, en actuar y acarrear con las consecuencias, en crear mi caja de resistencia para cuando necesite cagarla y más aún a sabiendas, aún siendo más divertido que vivir detrás una burbuja.

Mis compañeros de piso: Tomo1

Creo que me envidian. No se qué, pero lo hacen.

O eso, o son completos gilipollas, no comprenden. Tengo que ser el raro solo porque cuando están en “momento tele” a mi me apetece irme a mi cuarto a tocar la guitarra. O cuando están en un “momento cocina” a mi me apetece verme una peli en el salón. Los dos asienten cuando les explico que no tengo por qué querer lo mismo, que veo alternativas, pero luego vuelven a las mismas “Ayer estabas muy quemado…”, “Estás mejor hoy, ¿no?”, “No, si como la señorita no pasa por casa…” En cualquier momento voy a reventar, me pasaré con ellos, pero irá encaminado a que si creían que aquello era estar quemado y no ser normal, estaban muy equivocados. Son ostias que en el momento no las cazo, por eso no las devuelvo. Por ser lento y a veces comerme las que no van para mí.

Quiero darle besos a mi alma. Quiero confiar en algo más grande que el azar, pero esque yo estoy algo roto y tengo miedo de confiar en mi mismo.

No necesito nadie que se coma mis cagadas. No necesito alguien que me consuele cuando yo puedo hacerlo, no necesito poseer a nadie ni que nadie me posea.

Solo necesito amigos, amigas, gente que me comprenda o que símplemente me respete. Que quiera reír, que no quieran que se lo dé todo hecho yo.

“Solo”, je!