Y ahora… qué es?
A dia de hoy sigo sin saber para qué voy a usar el blog: si como /dev/stdout o como /dev/null.
Hace muchos días que no me puedo preocupar, ni estar de bajón. No había tiempo.
Ahora veo lejanos los siguientes exámenes, pero sé que si me despisto demasiado me pueden dar mucho por culo.
No hace ni 18 horas que divagaba acerca de pequeñas cosas bellas encerradas por el egoísmo y ahora mismo lo único bello que veo son imágenes lúgubres indescriptibles dignas de una fusión de Tarantino y Tim Burton.
He sacado un 8.3 en el exámen de álgebra y aún así no me da subidón. Algo no cruje como debería en mi pequeño cerebro.
No es envidia de que otros colegas míos hayan sacado más: no me gustaría ser el que más ha sacado ni tampoco el que menos… Soy… el chico del ocho. Qué ascazo, espero que no acabe por metérseme en la cabeza esa cifra asociada a ningún tópico. Como decían en la película “Prime”, la gente se obsesiona demasiado con los números.
No sé qué cojones es: Sigo teniendo miedo de que sea envidia o algo parecido porque me daría doblemente rabia.
Pero ese es el dualismo de pensar: Pensar en algo, pensar en lo que piensas acerca de algo, pensar en si eres objetivo cuando compruebas lo que piensas sobre algo… (Toma, así me libro de darle más vueltas)
Todo me parece muy absurdo y no hay WIFI en toda la USAL, porque están limpiando la sala de servidores…
¿Qué coño deparo a mis metas, qué coño me deparan ellas? Todo esto me devana el cerebro.
Estaré en una de esas ‘mariconadillas’ (entre comillas, porque ya les gustaría a los maricones tener de eso) en las que “I need some to take care of me” o algo…
Por aquí tengo un par de coleguillas, algún amiguillo, pero no veo que ellos me vayan a prestar la atención que necesito… y lo que sí podrían me importan demasiado como para permitirme que cambien lo que piensan de mi si me aprovecho de ellos de esta manera…
(Toma gilipollez, colega)
Por estos lares estoy descubriendo gente increíble, gente a la que quiero observar un poco más (puto miedo, putas experiencias pasadas (buenas y malas) que nos hacen desconfiar) a ver qué tal salen las cosas.
Iba pensando en las cosas bonitas.
Es increíble y penoso a la par:
Con el tiempo descubres que todos tenemos nuestro pequeño mundo particular en el que todo puede brillar o llover o clavársete en los ojos sólo con desearlo, es la imaginación y es la intimidad.
Unas personas son capaces de expresar una parte de ello a todas horas, otras te enseñan esa parte de su mundo si te agarras a ellos y te invitan a su madriguera. Otra manera de compartir estos mini-mundos es el amor: mucha gente que se ama, comparte sus mini-mundos con su pareja y es un lazo muy fuerte. Pero hay gente que ni amando es capaz de compartir ese pequeño resquicio de libertad que queda en su cerebro. Es gente que, por el egoísmo de los demás, ha sido confinada en su mundito y no se le ha dejado salir, es gente que ha sido devorada por la vergüenza y la avaricia.
Lo trato desde el punto de vista que me parecen víctimas, gente que no tiene la culpa de nada: todos nacemos en pelotas y llenos de mierda (yo no, mami. Tu útero olía a lavanda y la sangre sabía a fresas con miel) y según Fito (yo opino parecido) “…luego nos quitan nuestros sueños y nos confunden el camino”.
Me siento mal por no haberme dado cuenta de cosas como éstas tiempo atrás. Supuse que existía gente 8,9,10 y gente que no se atrevía a dar el paso y a soñar, por “moda” o por ser gilipollas, a secas. (Estoy hecho todo un Hitler)
Al fin y al cabo ésa es la parte triste, no sólo son personas que están confinando en un rincón las mejores sensaciones de su cabeza y su ser.
Son personas que se están negando a sí mismas, negando lo que las hace originales y rechazando conocer lo que los demás ofrecen. Es lo único que no podemos copiar, imitar, robar o cambiar. Es lo que somos.