Sentado, apoyado, mirando hacia arriba buscando una respuesta.
Todas las experiencias pasan durante un segundo por mi encuadre visual.
El tiempo no importa, he perdido voluntariamente la cuenta de los minutos. Las horas ya no importan.
Me pregunto de manera pasiva qué es del mundo: ¿Qué pasa con él?
¿Qué ha sido de todas aquellas injusticias que en él había? ¿Cuánta gente somos en el mundo?
¿Sigue todo igual?
Sigo mirando a ninguna parte. (Hasta alguien con la mirada perdida, la tendría más localizada que yo)
De momento solo conservo el equilibrio físico, todos mis demás sentidos no importan.
¿Qué es siempre para nadie y nunca para todos?
¿Qué guardamos en nuestras cabezas?
Terror al miedo. Miedo al vacío.
No nos damos cuenta de que realmente nuestras vidas se encentran vacías.
Las hemos vaciado, no somos capaces de vivir con miedo.
Queremos bienestar, ponemos la excusa de que necesitamos tiempo, equilibrio, pero somos totalmente incapaces de hacer algo
productivo con él.
Cuando alcanzamos el bienestar sólo somos capaces de dormitar, de engordar, de devorar lo que se nos da.
No somos capaces de crear.
¿Acaso mi vida está vacía?
¿Acaso no quiero enfrentarme a todo aquello que me aterra?
¿Es la palabra “no” un obstáculo a evitar?
¿Es la duda un camino más fácil?
No es más valiente el que permanece de pié que el que se escudriña en un rincón, ya que ninguno de los dos sabe vivir con el miedo,
ambos dos intentan evitarlo.
¿A donde me llevan mis pensamientos? ¿Qué nube es la mía?
Nos gustan las cosas felices, las cosas buenas, pero tenemos miedo a hablar de ellas, o fanfarroneamos, ironizamos e “hipocritamos”
al hablar de ellas, no queremos tener miedo de perderlas, a veces preferimos convivir con el vacío que con el miedo de sentir
vacío.
¿Cuan racionales somos en nuesta irracionalidad?
¿Qué son los amigos?
Son, acaso, ¿sólo una buena relación? ¿Un sentimiento egoísta de doble sentido? ¿Sólo una simbiosis?
¿Es nuestro egoísmo lo que nos lleva a hacer felices a otros?
¿Es nuestra asocialización lo que nos lleva a ser sociales?
¿Qué es el sexo?
¿Qué hay de placentero en ello?
¿Es todo un rol que disfrutamos al interpretar?
¿Porqué acarrea una disposición a que cumplamos las expectativas de los demás?
¿No somos capaces de ver que nuestros baremos son totalmente estúpidos?
¿Hay acaso UN SEXO real y enteramente placentero al que todos en vida tenemos que tender?
¿Hay un egoísmo que nos hace despreciar y apreciar lo que creemos que nos llevará a ese sexo?
¿Qué son las oportunidades?
¿Existen las probabilidades?
¿Es acaso el azar un enemigo de nuestras intenciones, o por ende, un aliado de nuestros ánimos y de nuestra esperanza?
¿Habemos, entonces, de preocuparnos de los hechos, de porqué las cosas no salen como se quiere?
Por el lado contrario: ¿Debemos dar menos importancia a los hechos, ya que ocurren por ‘azar’ y no están ligados a las condiciones,
ya que estas dependen del azar?
¿Está el secreto en el equilibrio entre las dos anteriores premisas? ¿No lo está?
El tiempo pasa, pero me he tomado mi tiempo.
¿Por qué la gente no entiende la necesidad de trascender?
¿No puedo dejar fluir mi mente, como hace un rato, hacia pensamientos abstractios “caóticos e irracionales”?
¿No puedo, por norma moral de Vaya_Usted_A_Saber_Quién, perder por un momento mis escrupulos a la escatología?
¿No puedo, por ende, pensar un momento, dos o diez horas, en coprofagia, necrofilia, sangre y romanticismo?
—No me refiero al romanticismo rosa, me refiero a la compleja red de pensamientos que pueden conformar la excitabilidad de
la mente—
¿Es entonces, esta amoralidad la que nos hace arrinconarnos? La misma que nos hace ganarnos nuestros propios egos y que nos
atribuyamos la etiqueta de escritor y/o artista independiente que no necesita de nada ni nadie para escribir?
¿Es esto lo que nos hace ser diferentes sobre el papel? ¿Nos hace apartar lo que sentimos de la realidad, para dejarlo en ‘meros
esbozos tratados con alturismo’ en un medio de almacenamiento, para poder luego fardar de tenerlos?
¿No puedo querer vivir ‘en y con’ mis pensamientos?
¿Es una nebulosa eléctrica redundante el ciclo de pensamiento que siguen mis esbozos?
¿Es un trozo que aparté, que cambié mi vida, que me modifiqué a mi, que fuí modificado, el pié a esa concentricidad?
¿Bucle?
¿Es entonces, acaso, la linealidad de su concentricidad? ¿Ciclos contínuos levemente modificados a lo largo de un tiempo lineal?
¿Es una casualidad, que por algún motivo ‘fijo’ hace que se repita?
¿No hay dicho motivo?
¿Qué?
Sigo pensando y seguiré pensando, a falta de saber si busco una respuesta fija, ya bien existente como inexistente ¿O es el hecho
de
pensar en algo sin solución, el hecho de ‘filosofar’ el que quiere darme respuestas suficientes pero inconcretas como a tantos
otros como yo que, en su momento, se quisieron preguntar?
He perdido peso.