Archive for Septiembre, 2007
Casualidad

Denominamos casualidad a aquello que, para nosotros, no tiene altas probabilidades de ocurrir y por tanto, ocurre, pero ha sido casualidad. O que nunca ocurre, aunque sería una opción. U ocurre a menudo y es algo muy probable, pero que para nosotros sigue siendo casualidad. Si, claro, el Parte ha dicho que hoy iba a llover y no ha llovido, ¡Qué casualidad!
Qué fantástica es la ironía y qué traicionera. Cuánto nos hemos aferrado a ella, por vacile, indecisión o miedo y cuánto ha llegado a confundir el mundo ante la pureza y el disfrute de las cosas claramente dichas (Bendito Pío Baroja)
Es entonces cuando uno observa y cree que es una gran casualidad cuando se puede hablar y decir sin rodeos y ello te lleva a buen término, o al menos, el mensaje se difunde.
¿Es por ello la ironía una vía perra y traicionera?
No, la ironía no es un arma, es más bien como la medicina, una herramienta de doble uso que se puede usar para matar y para salvar de la muerte, pero la gente que la suele desarrollar, al igual que en el caso de la ironía (véase cualquier tele-serie, concurso de famosillos, Matías Prats y obtendrá recursos irónicos para su arsenal)
no suele pensar el fin al que va a ser aplicado su trabajo.
Ella es la ironía, que nace de nuestros temores, abofeteando en los refranes y ensañándose en los refranes y chascarrillos mal recurridos (el 89,9% de ellos, y eso lo sabe el 13% de la gente. Si, es un 75% verídico)

¿Y qué es la Casualidad? ¿Es acaso la ironía que el destino nos devuelve? ¿La doble negación que afirma la primera sentencia?
La Casualidad es aquel hecho que se mueve entre las sombras, nos achecha tras cualquier esquina, o pequeño evento/acción que pasa inadvertido, hasta que al ser realizado, pierde su silencio para acuchillar nuestro centro nervioso y destrozar nuestro esquemas de la probabilidad de sucesos.
Es la casualidad, el accidente subjetivo que rompe con la monotonía de este libre albedrío que nos rodea, en el cual todo el mundo es libre y puede hacer lo que quiera: es libre porque percibe más de una opción, aunque inevitablemente esté condenado a seguir su propio camino siempre, camino, por si no lo he calificado, ya escrito, construido, planificado y determinado.

Es entonces, cuando la consciencia saborea y asimila esta verdad, cuando el ser humano alcanza su mayor libertad, una libertad clausurada y triste, pero es la libertad mayor y más feliz que tenemos.

Feliz lluvioso y nublado 30 de septiembre. Feliz.

Storage Memory
Es increíble lo que los humanos llegamos a desarrollar como indivíduos y como seres individuales.Inevitablemente, otro día más, un $user despreocupado que miraba atentamente una lagartija mientras pasaba su pié por encima de ella para dar un paso más en su camino a la vez que esta evadía sin necesidad su zapato, corriendo con todo su nervio hacia las hojas. Era un día normal, en una situación normal, en la que el $user se paró a pensar, a destripar y exclamó para sí: “El legado“Uno empezó a cabilar y se preguntó por qué protegemos las especies en extinción.¿Por qué nos importan las lagartijas, como indivíduos y no solo como especie?

Porque son los indivíduos los que conformen la especie, aunque como indivíduos nos comportemos muy distintamente a como lo hacemos en calidad de especie.

Si una persona mata una lagartija, puede ser multado por que es una especie protejida. Si aniquila la vida de un indivíduo de esa especie, atenta contra el abstracto de la especie, ya que la supervivencia de esta está comprometida.

Quizás este acto solemne que hacemos como especie dominante de este planeta (dominante porque hacemos lo que nos sale de los cojones) sea otra de los efectos de una causa mayor, de una razón, la cual excruté, excreté y miccioné, por así decirlo en un amargo sentimiento de tristeza y emoción a la vez.

Los seres humanos nos preocupamos por las especies porque nos hemos percatado de que no somos capaces de conservarlas. Nos preocupa que se pierdan, que queden en el vacío, que desaparezcan, que no perduren para conocimiento de futuras generaciones ni para uso lucrativo o lúdico de sus indivíduos. Nos preocupa por tanto, que la especie perdure, que sus indivíduos sobrevivan, mimamos sus indivíduos.

¿Los pollos? Controlamos su ciclo vital, desde el huevo hasta el siguiente huevo.

Es una especie que nos da igual, no va a desaparecer. Los niños del siglo XXII podrán observar las abominaciones genéticas que hacemos con ellos. Es algo totalmente inhumano lo que vive un indivíduo de dicha especie: Nace, engorda, su cuerpo se ve afectado por hormonas que le suministran… pero da igual, es un puto pollo, le cortan la cabeza y acabará en mi plato en 13 días…

Uno se pregunta… Antes de que los primeros Homos domesticaran al primer pollo… ¿Cómo vivían esas malditas criaturas de $deity?

Eso es algo que ya se ha perdido, que da igual, que me duele, que ha alienado la especie del pollo de corral…

¿Por qué la gente escribe sus memorias, cuando se acercan a determinada edad?

Quizás algunos piensen que han vivido mucho, que toda una vida de logros y de cosas bonitas merece la vida no caer en el vacío: vacío identificado con el olvido que acompaña a la muerte y a no haber contado esas cosas nunca.

Cuando se escriben las memorias se tiende a intentar hacer una obra lírica excepcional, que acaba por convertirse en Cómo me molo, cuántas cosas he hecho, Cuantas cosas podían haber sucedido de otra manera, o Qué ignorante/inocente fuí y como me molaba todo.

Es el miedo a que lo que apreciamos, caiga en el olvido, no en la ignorancia, es decir: se pierda definitivamente.

Cuando seamos inmortales, cuando se pueda volcar la memoria de un ser humano a un disco duro, cuando las cabezas se conserven vivas en tarros de cristal… ¿Se escribirán memorias?

Cuando podamos reproducir un ADN elaborando la variabilidad necesaria para generar una especie sana y con ADN fuerte, ¿protegeremos las especies?

Fuí a los bosques porque quería vivir la vida a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, olvidar todo lo que no fuera la vida para no llegar a la muerte descubriendo que no había vivido.